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viernes, 8 de marzo de 2013

Dios le exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

 
 
ADORAR A JESUCRISTO
 
“Dios tuvo a bien hacer residir en él  toda la plenitud” (Col 1,19)
 
1. Reflexión
 
En la Antigua Alianza la adoración se dirige a Dios, cuya realidad trinitaria todavía se desconoce; pero la presencia del Verbo en el mundo abre las puertas de la adoración a Dios en la persona del Hijo desde el primer momento de su presencia en la tierra. Los magos de oriente preguntaron: ”¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle" (Mt 2,2). A lo largo de su vida pública, personas que recibían sus favores, se postraban ante él y le adoraban. Se adora a Jesús resucitado y exaltado, como lo hicieron los discípulos en el momento de la ascensión: "Después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo" (Lc 24,52). Lo mismo hicieron las mujeres cuando se les apareció Jesús después de resucitar: "Se asieron a sus pies y le adoraron" (Mt 28,9). ¿Hubiera permitido Jesús que le adoraran, si no tuviera derecho a la adoración?


La adoración reservada al Dios único es proclamada desde el primer día, con escándalo para los judíos, como debida a Jesucristo, porque “Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado” (Hch 2,36).

 

En el himno a Cristo recogido en la carta a los Filipenses, se dice que "Dios le exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos y toda lengua confiese que Jesús es Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2,9-10). Es la aplicación a Jesucristo de este otro texto de la Antigua Alianza: "Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará diciendo: 'Sólo en el Señor hay fuerza y victoria’" (Is 45,23-24).

 

En Dt 32,43 se dice: "Adórenle los hijos de Dios". Y la carta a Hebreos la aplica a Jesucristo al decir: "Al introducir a su Primogénito en el mundo dice: 'Adórenle todos los ángeles de Dios" (Hb 1,6).

 

Si la adoración está dirigida a Dios por razón de su dignidad, Jesucristo es la dignidad y la autoridad de Dios que en él se hacen visibles y cercanas al hombre, porque el Padre quiere “que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef, 1,10). Y "él es Imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados y las Potestades, todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia" (Col 1,15-17).


2. Palabra profética
 
Visión durante la adoración: Según iba avanzando el canto en el espíritu daba la sensación de que íbamos quedando cada vez más ligeros de peso, mientras una especie de fuego abrasador, que era el amor del Señor, nos estaba fundiendo; al final solamente quedaba nuestra silueta bajo una vestidura blanca cada vez más resplandeciente; a medida que pasaba el tiempo de adoración nuestra presencia se iba desvaneciendo y quedaba sólo la presencia del Señor.
Visión: Mientras estamos postrados a los pies del Señor en adoración, el enemigo intenta apartarnos de allí, porque no soporta que los hombres adoren a Dios. Nos molesta tratando de turbar la mente con todos los medios a su alcance para sacarnos de este lugar. Por un lado experimentamos la atracción del Trono de Gloria, pero por otra parte el enemigo quiere separarnos. Se nos invita a levantar la bandera de la fe, gracias a la cual podemos hacerle frente y vencerlo

 


2 comentarios:

  1. Visión: Mientras estamos postrados a los pies del Señor en adoración, el enemigo intenta apartarnos de allí, porque no soporta que los hombres adoren a Dios. Nos molesta tratando de turbar la mente con todos los medios a su alcance para sacarnos de este lugar. Por un lado experimentamos la atracción del Trono de Gloria, pero por otra parte el enemigo quiere separarnos. Se nos invita a levantar la bandera de la fe, gracias a la cual podemos hacerle frente y vencerlo

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  2. En el himno a Cristo recogido en la carta a los Filipenses, se dice que "Dios le exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos y toda lengua confiese que Jesús es Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2,9-10). Es la aplicación a Jesucristo de este otro texto de la Antigua Alianza: "Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará diciendo: 'Sólo en el Señor hay fuerza y victoria’" (Is 45,23-24).

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