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lunes, 6 de enero de 2014

JESUS EL NUEVO MOISES

 
 


"Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea (o de Tiberíades)". Hay un éxodo, un paso a través del mar hacia una tierra donde abunda el amor y la generosidad de Dios. Jesús es este nuevo Moisés, que hace a su pueblo capaz de andar y de seguirle en esa travesía.
 
"Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos". Este acontecimiento se realiza cuando se acerca la Pascua, la fiesta que conmemoraba el antiguo éxodo. Aquél es figura de éste. "Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos". Con motivo de la Alianza, Moisés subió al monte dos veces: la primera, acompañado por los notables (Ex 24. 1-2/9/12); la segunda, después de la idolatría del becerro de oro, subió solo (Ex 34. 3). También en este episodio subirá Jesús dos veces al monte: una, al principio, donde aparece acompañado de sus discípulos; la segunda, después del intento de proclamarlo rey, él solo.
 
El "monte" representa el lugar donde reside la gloria de Dios. Jesús subió al monte. Está en su lugar propio, la esfera divina. Y se sentó allí. Es su actitud permanente. Él es para los hombres el lugar donde la gloria de Dios reside y se manifiesta. "Jesús entonces levantó los ojos y al ver que acudía mucha gente...". Jesús, al otro lado del mar, representa una alternativa, que el evangelista hace presente ahora a los hombres de todo lugar y tiempo que se acercan a Jesús. "...dice a Felipe: ¿con qué compraremos panes para que coman estos? (lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer)".
 
La escena tiene detalles que recuerdan los del Éxodo. Como allí en el desierto, se plantea el problema de la subsistencia, que había sido una tentación para los israelitas, haciéndoles desear la esclavitud de Egipto. La época de Israel en el desierto fue un tiempo en que hubo de demostrar su fidelidad a Dios: el pueblo pone a prueba a Dios, pero, con más frecuencia es Dios quien pone a prueba al pueblo.
 
En esta situación de éxodo, Jesús pone a prueba a Felipe, el discípulo a quien él mismo ha invitado a seguirlo, y por eso, en cierto modo, prototipo de todos los que él llama. Jesús enfrenta a Felipe y con él, a la comunidad, con la realidad que tiene delante: personas que quieren seguir a Jesús, que quieren verse libres de su pasado... y que no pueden bastarse por sí mismas.
 
Jesús para poner a prueba a Felipe, a la comunidad, aborda directamente la cuestión del dinero como medio para satisfacer esa necesidad. Es interesante la pregunta de Jesús porque es la pregunta que la comunidad se hace a sí misma: ¿con qué "compraremos" panes para que coman "estos"? No es un diálogo entre Jesús y la comunidad. Es la misma comunidad, en cuyo interior se percibe la presencia de Jesús, la que se pregunta cómo va a solucionar los problemas del mundo.
 
"Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo". El denario, el jornal de un obrero. Doscientos denarios, más de medio año de trabajo, para que a cada uno le toque un pedazo. Ateniéndose a los principios de este mundo, resulta imposible a los discípulos satisfacer la necesidad de la gente. Felipe, que no ve más horizonte, confiesa su impotencia. Para Felipe, el éxodo fracasa. "Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" El lugar donde está el muchacho es donde están los discípulos. Representa, por tanto, al grupo de discípulos que está con Jesús, en su condición de debilidad y su pobreza de medios. Andrés habla de los panes y peces como de algo de lo que puede disponer pero que cree insuficiente.
 
Por su edad y por su condición, el muchacho, es un débil, física y socialmente. Lo más desproporcionado que pueda encontrarse como solución a la magnitud del problema. El muchacho significa también a la comunidad en cuanto servidora de la multitud: el muchacho de la tienda, la muchacha de servicio. La comunidad se presenta ante el mundo como un grupo socialmente humilde, sin pretensión alguna de poder ni dominio, dedicado al servicio de los hombres. 5+2=7:La totalidad. El alimento es poco, pero es todo lo que tienen.
 
"... dijo la acción de gracias". Dar gracias a Dios significa reconocer que algo que se posee es don recibido de él y, como tal, muestra de su amor, y alabarlo por ello. En este caso se le dan gracias por la existencia de los panes, producto de su obra creadora, ayudada por el trabajo del hombre. Al reconocer su origen en Dios, como don suyo, se desprenden de su poseedor humano, el niño-grupo de discípulos, para hacerse propiedad de todos, como la creación misma. La señal que da Jesús, o el prodigio que realiza, consiste precisamente en liberar la creación del acaparamiento egoísta que la esteriliza, para que se convierta en don de Dios para todos.
 
Según Andrés, no se podía repartir porque no bastaba lo que se poseía; cuando ya no se posee, por haberlo hecho de todos por la acción de gracias, se demuestra que había más que suficiente.
 
Jesús mismo distribuye el pan y el pescado. Al restituir a Dios, con su acción de gracias, los bienes de la comunidad, Jesús restaura su verdadero destino, que es la humanidad entera. Con su acción, Jesús enseña a sus discípulos cuál es la misión de la comunidad: la de manifestar la generosidad del Padre, compartiendo los dones que de él se han recibido. Se convierte este signo en una celebración de la generosidad de Dios a través de su Hijo que, en la comunidad, multiplica lo que ésta posee al ponerlo a disposición de los hombres. Aparece así el sentido profundo de la Eucaristía que, de expresión de amor entre los miembros de la comunidad, pasa a ser signo del amor de Dios al mundo, continuación del don de su propio Hijo.
 
"La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo. Jesús sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo". Hay quienes piensan en hacerlo rey. Un propósito que está en abierta contradicción con la actitud que él ha adoptado antes, poniéndose a servir a los comensales. La fuente de abundancia que Jesús ha abierto, es el amor de Dios, capaz de multiplicar lo que parece desproporcionado al objetivo. Pero ellos pretenden cambiar su programa mesiánico, hacerlo rey, conferirle el poder que él rechaza.
 
Ante esta perspectiva, Jesús huye; se aleja de aquellos que pretenden deformar su mesianismo. Se retira solo, como Moisés subió solo al monte después de la traición del pueblo. El monte representa la esfera divina, la gloria y amor de Dios. El paralelo con Moisés muestra la gravedad de lo sucedido. Al intentar hacer de Jesús un Mesías poderoso, repiten la idolatría cometida por los israelitas en el desierto. Allí quisieron adorar a Dios, pero bajo la imagen que ellos mismos se habían hecho de él. Ahora éstos están dispuestos a reconocer a Jesús, pero según la idea que ellos mismos se han forjado.
 
Esta idea del Mesías era común en la esperanza del pueblo y esta idea causará el rechazo de Jesús por parte del pueblo y la actitud de Pedro en el huerto, que lo llevará a negar a Jesús. La subida de Jesús al monte está en relación con la cruz. Es allí y de esa manera como Jesús será rey. Entonces, sus discípulos lo dejarán solo. La soledad humana de Jesús es el abandono de los discípulos.
 
Pan... la cosa más corriente, nuestro alimento común. Pan... por lo que los hombres trabajan... El pan es toda la vida de los hombres. Para encontrarse con el hombre en el corazón de su vida. Jesús eligió el pan. Se hizo pan. Sí, una misteriosa complicidad se ha establecido entre Dios y el pan. Dios entra en la vida de los hombres bajo el signo del pan, en Belén -"la casa del pan"-; Dios permanece para siempre en la vida de los hombres desde que, en el atardecer de su vida, Jesús toma el pan al abandonar este mundo.
 
Una misteriosa complicidad une a Dios y al pan, pues Dios quiere ser de la misma pasta que nosotros. "¿Dónde compraremos panes para que coman éstos?". Los hombres se encuentran en pleno desierto. Después de haber probado todos los alimentos, después de haber comido en todos los pesebres, están desarmados: "Danos nuestro pan de cada día". Dios tomó el pan, la vida común de los hombres, la cosa más sencilla. Para ser de la misma pasta que nosotros, se hace carne de nuestra carne, nuestro pan de todos los días. "Estaba próxima la Pascua"... Jesús sabe que para multiplicar el pan tendrá que pagar un precio. Para Dios, el signo del pan es inseparable del signo de la cruz. El Jueves Santo Jesús celebrará de antemano lo que llevará a término en su pasión. No hay más que pan partido, roto, entregado. "Jesús les hizo sentar"; mañana será él quien se tienda sobre el madero de la cruz. El pan se hace para ser comido. "Esto es mi carne para la vida del mundo".
 
Para Dios, el pan tiene desde entonces un precio inestimable: para hacerse pan ha entregado a su Hijo. Dios ha pagado tal precio que ya no podrá olvidar el gusto del pan. "Cinco panes y dos peces... pero ¿qué es eso para tantos?". ¿Qué es una Palabra de salvación frente a todos los interrogantes de los hombres? ¿Qué es la vida y la muerte de un hombre frente a la vida y la muerte de miles de millones de hombres? "Danos el pan de cada día...". Pero ¿en qué puede modificar el hambre de los hombres la existencia de Jesús de Nazaret? Sólo hay pan compartido. Si el pan no es multiplicado hoy para tantos hombres que mueren de todo tipo de hambres, no es que Dios falte a la humanidad, es que el hombre falta a los hombres, es que el hombre se falta a sí mismo.
 
Sólo existe el pan para saciar. Sin embargo, para nuestra desgracia, hemos conservado el pan y hemos acumulado reservas. En el desierto hemos creído habernos atiborrado: la fe se ha convertido en una respuesta excesivamente fácil a nuestras hambres y a nuestras preguntas. El pan es para el hambre, y para el hambre que corroe. La multitud creyó haber encontrado en Jesús al Gran Profeta, por él se fue a la montaña, porque él es distinto y conduce a un lugar diferente. No hay más pan saludable que el que permite proseguir el camino en el que se agranda el hambre. Si Jesús multiplica el pan, es para producir hambre de Dios.


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